Therians, una tendencia que empieza a verse en Comodoro: qué hay detrás de los jóvenes que se identifican con animales

En distintas provincias del país, desde grandes centros urbanos hasta ciudades intermedias, comienza a repetirse una escena que hasta hace poco parecía lejana o propia de otros contextos culturales: adolescentes que se reúnen en espacios públicos, utilizan collares, orejas, máscaras u otros accesorios y adoptan gestos, posturas y comportamientos asociados a animales, especialmente perros y lobos.

Se trata de jóvenes que se identifican como therians, un término que refiere a personas que se reconocen, desde una dimensión simbólica e identitaria, en animales reales. En redes sociales, especialmente en plataformas de consumo juvenil, este tipo de contenidos creció de manera sostenida durante el último tiempo y generó comunidades que se replican en diferentes puntos del país.

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En Comodoro Rivadavia, el fenómeno empieza a ser visible de manera incipiente. Se ven publicaciones o perfiles en redes sociales donde pequeños grupos de adolescentes anuncian juntadas para compartir estas prácticas, siguiendo una tendencia que ya se instaló con mayor fuerza en otras ciudades argentinas. Incluso hay quienes ofrecen en las redes el “conjunto” therian, que incluye máscara, cola y patas.

“Es una marca de la época”

Para comprender qué hay detrás de esta moda que avanza a nivel nacional y que comienza a aparecer también en la ciudad, ADNSUR dialogó con el psicólogo Sebastián Nuñez, quien propuso una lectura que se aleja del alarmismo y pone el foco en los cambios culturales de época.

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“Lo primero que aparece es la pregunta de qué pasa con estos chicos, con estos adolescentes, qué es lo que los puede mover a esto”, planteó el especialista. Y aclaró que, aunque el fenómeno suele generar sorpresa o incomodidad en el mundo adulto, no puede ser leído de forma automática como un problema de salud mental. “Más que una moda aislada, me parece que es una marca de la época. Una época donde el empuje a ser no tiene límites”, explicó Nuñez.

Según el psicólogo, los cambios sociales de las últimas décadas produjeron una transformación profunda en las categorías que organizaban la identidad. “Antes existían representaciones sociales mucho más rígidas sobre lo que implicaba ser niño, ser adolescente, ser varón o ser mujer. Hoy esas categorías se flexibilizaron muchísimo”, señaló.

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Los therians son adolescentes y jóvenes que se identifican con animales

En ese marco, remarcó que ya no existe una definición cerrada de lo humano asociada solamente al cuerpo, a la biología o a un rol social predeterminado. “Eso abre la posibilidad de que uno pueda ser cualquier cosa. El problema es que, en ese poder ser cualquier cosa, aparece también la exigencia de ser reconocido por el otro en eso que uno siente que es”.

Para Nuñez, uno de los aspectos más relevantes del fenómeno therian es que no se trata simplemente de una actividad recreativa. “No es un juego de rol, no es una fiesta de disfraces, no es carnaval. No es una Comic-Con. No es gente que se junta a representar un personaje por un rato. Esto se juega desde el ser”, subrayó.

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En ese sentido, explicó que existe una diferencia clara entre la fantasía, el juego o el teatro y una identificación que se presenta como parte de la identidad. “No es un delirio, no es que se crean literalmente perros o lobos. Pero tampoco es solamente un juego. Hay una expectativa de reconocimiento por parte del otro”.

Hacerse visible, una característica central del fenómeno

El especialista sostuvo que esta tendencia, que hoy se observa en distintos puntos del país, tiene una característica central: la necesidad de hacerse visible. “No es algo que quede en lo privado. No es alguien en su casa, en su patio o en un lugar apartado. Esto ocurre en plazas, en parques, en el medio de la ciudad. Tiene que estar a la vista de los demás”.

Y agregó: “Hay una necesidad de que el otro valide esa forma de ser y esa forma de gozar. Pudiendo ser cualquier cosa, yo tengo que ser esto y el otro me tiene que reconocer en esto que yo siento”.

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Otro elemento que aparece en el análisis es el impacto de las redes sociales en la construcción de identidad adolescente. “Hoy lo público y lo privado se mezclaron completamente. Antes, cómo uno disfrutaba de la vida o qué le gustaba hacer quedaba mucho más resguardado. Hoy todo se muestra”, explicó.

Para Nuñez, este corrimiento de límites favorece la expansión de prácticas que rápidamente se vuelven tendencia. “Las redes permiten que estas formas de identificarse circulen, se copien, se imiten y se transformen en una moda que se replica en distintas ciudades”.

El psicólogo también vinculó este fenómeno con transformaciones sociales más amplias, particularmente en relación con los vínculos y el lugar que ocupan hoy las mascotas en la vida cotidiana. “Vivimos en una época donde los adultos tratan a los perros como hijos, donde muchas personas eligen no tener hijos y sí tener mascotas. Incluso, si uno va a un supermercado, puede ver que el espacio destinado a productos para mascotas es muchas veces más grande que el espacio para bebés. Eso habla de una realidad social y de consumo muy clara”, señaló.

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Si bien aclaró que no se trata de establecer una relación directa y lineal, sostuvo que este contexto forma parte del entramado simbólico que rodea a los adolescentes. “Muchas veces, cuando uno la pasa mal, mira a su mascota y dice ‘ojalá fuera un perro, no tendría responsabilidades, no tendría deudas, no tendría que trabajar’. Esa fantasía siempre existió. El problema es cuando deja de quedar en el plano de la fantasía y pasa a instalarse como una identidad que espera ser reconocida por el otro”.

Desde una perspectiva social, Nuñez explicó que estos grupos se organizan en lo que se denomina “comunidades de goce”. “Son personas que se juntan alrededor de una forma de gozar. En este caso, de gozar de ser un perro. Comparten reglas, códigos, formas de interacción y una identidad colectiva”.

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Sin embargo, advirtió que estas comunidades no necesariamente construyen un lazo social sólido. “No generan el mismo tipo de pertenencia que un club de barrio, una escuela o una institución. Se articulan alrededor de una experiencia compartida, pero no siempre producen un entramado social duradero”.

Una tendencia que comienza a verse en Comodoro

En el caso de Comodoro Rivadavia, donde el fenómeno comienza a ser visible de manera incipiente, el especialista consideró clave entender que muchas veces la adhesión no responde únicamente a una convicción personal profunda.

“Hoy, si no sos parte, estás afuera. Las redes sociales refuerzan mucho esa lógica. Muchos chicos probablemente se suman a este tipo de prácticas no tanto porque realmente lo sientan así, sino para poder pertenecer, para no quedar excluidos”, explicó.

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Frente a la preocupación de familias que empiezan a observar esta tendencia, Nuñez fue enfático: “No es una patología, no es algo que esté mal. Es una novedad que hay que entender dentro de esta época”.

Y dejó una recomendación concreta para padres, madres y adultos cercanos. “Antes que alarmarse, antes que castigar o ponerse rígidos, lo más importante es el diálogo. Nada del castigo va a cambiar estas cuestiones. Generalmente lo único que hace es fortalecer esa identidad cuando se siente atacada”.

Por último, concluyó: “Lo importante es poder preguntarse de qué se trata esto para ese chico en particular. Escuchar, conversar, tratar de comprender. Es una marca de época, atravesada por el empuje a gozar de todo lo posible y por la necesidad de ser parte. No se trata de prohibir, sino de acompañar y entender”.

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