Hoy la gran pregunta en la Argentina, en cuestiones económicas, es la siguiente: ¿por qué la población argentina, y en especial el periodismo, sigue confiando en las ideas y teorías de los analistas económicos, aquellos que opinan y que además toman y han tomado decisiones sobre la economía argentina, luego de más o menos 70 años de fracasos? Esto no pasa con ninguna de las otras profesiones. Entonces, una duda, ¿los argentinos creen que las ideas y teorías económicas de estos analistas son la causa de la generación de riqueza de los países desarrollados? Si es así, que extraordinaria ingenuidad e ignorancia.
Lamentablemente, la Argentina ha comprado por mucho tiempo el invento de la macroeconomía y su estabilidad. La macroeconomía es un conjunto de indicadores parciales y superficiales que intenta medir la realidad económica de una sociedad, entre ellos el famoso déficit fiscal, y los analistas económicos saben que estos indicadores se pueden forzar para mostrar una estabilidad económica artificial. Como expongo en mi reciente “Ensayo sobre el fracaso económico de las naciones, el caso de México y la Argentina”, publicado en la revista científica Pensamiento crítico de México en 2025, lo ocurrido en este último país es un claro ejemplo. Luego de más de 30 años de estabilidad macroeconómica, lo único que han logrado los analistas económicos en México es un estancamiento económico crónico. Una economía que no crece, que no ha modificado su estructura y niveles de pobreza por décadas y con una guerra civil criminal y sangrienta que no tiene fin. Pero el peso mexicano sigue estable… Esto no solo pasa en México, pasa también en la gran mayoría de los países latinoamericanos, y en otros países, con una supuesta estabilidad macroeconómica.
En ese ensayo también explico que la única estabilidad macroeconómica que sirve es la que se logra de forma natural, es decir, cuando una sociedad crea riqueza. Un tipo de riqueza especial, una riqueza que se comparte, una riqueza social. Y de esto parece ser que los analistas económicos saben poco o nada. Ellos creen que, porque el gobierno de un país no gasta más de lo que ha presupuestado por un año, es suficiente para que esta riqueza, que involucra a toda una sociedad, caiga del cielo o nazca de la tierra mágicamente. Es lo que venden y prometen. Solo pensar que se crea que es una cuestión de cuánto y no de cómo se gasta, de la calidad del gasto, es algo increíble en términos financieros y económicos. Por ejemplo, en la Argentina los políticos gastan mal el dinero público desde hace décadas, sin dejar de lado la corrupción, por supuesto. Por lo que no importa si hay déficit o superávit fiscal en la Argentina, gastar mal el dinero público contribuye, solamente, a la destrucción de la riqueza.
Aquellos que somos partidarios de las finanzas reales, o racionales, y que también pertenecemos a las ciencias económicas, sabemos que la creación de riqueza en una sociedad, al igual que en cualquier organización que tenga este fin, implica un proceso que tiene reglas, lineamientos, plazos, etc., como todo sistema. También este proceso incluye instrumentos, como, por ejemplo, a nivel de un país, las empresas u organizaciones con o sin fin de lucro. Por lo que, si la sociedad en su conjunto no conoce el proceso, ni sus instrumentos, no generará riqueza o generará menos riqueza de la que destruye. Entonces, a la economía la pudiéramos definir y simplificar como la capacidad para generar riqueza o lo que es lo mismo, como la administración eficiente de los recursos disponibles. A la no economía la entendemos como aquella que destruye riqueza. Es importante aclarar que este proceso, de generación o destrucción de riqueza, puede ser lento o rápido, pero solamente hay dos caminos. Argentina es un claro ejemplo de destrucción de riqueza acelerada.
Las sociedades de los países desarrollados sí conocen este proceso, por eso crean riqueza o la mantienen. Desgraciadamente, el proceso, a nivel de una sociedad o de la economía en general, no es explícito, no está en los manuales y pocos economistas lo entienden y saben explicarlo. Estas sociedades ya tienen al proceso incorporado a sus costumbres, a su cultura, lo han aprendido luego de siglos de pruebas, ensayos y de cometer muchos errores y la mayoría de sus representantes o políticos lo entienden y aplican. Por ejemplo, en un caso muy extremo, las embajadas de China, hoy en día, no hacen política, son simplemente puntos de venta. Pero, cuidado, como mencionamos anteriormente, hasta las sociedades que más han generado riqueza, en los últimos siglos, cometen errores importantes que han afectado su capacidad de generación. A mí me gusta señalar dos que han cometido los ingleses, por su relevancia histórica, el primero cuando en 1819 el Banco de Inglaterra inventó la paridad de su moneda con el oro, una brutalidad en términos financieros que obviamente hoy en día no aplican, ni Inglaterra ni ningún otro país desarrollado. Hoy, simplemente, el Banco de Inglaterra se dedica a comprar oro para sus reservas, con la riqueza que genera su población. El otro gran error fue el del “Brexit”. A los políticos se les olvida, de vez en cuando, que las empresas, para adaptarse a una nueva realidad económica inventada por estos, necesitan décadas de planificación y reestructuración, mientras se destruye riqueza.
Doctor en Ciencias Administrativas. Instituto Politécnico Nacional – México; Director General y fundador del Instituto de Estudios Superiores en Finanzas, México
